Jueves, 14 Febrero 2013 18:36

Maternidades Secuestradas

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Foto Yuruen Lerma

 

Reflexionar en torno a la maternidad o la no maternidad que cada quién decida llevar es la clave para muchas cosas.

Y no sólo reflexionar, sino hacer, mover, gritar y pasar el chisme.

Cuando me supe invitada a una cena entre mujeres para planear cosas y conocernos las de aquí con las de allá, me sentí un poco más cerca del planeta que llevo tanto tiempo buscando. Y cuando me vi ya ahí, ya en plena cena que mucho tenía de aquelarre, me sentí en casa.

Somos muchas las que hacemos cosas. Pero saber lo que hacen las demás y cómo lo hacen, y cómo eso que hacen se relaciona con lo que yo hago y con lo que hacen otras, es estar en casa. Es ver que somos una.

Nos juntamos mujeres que no sólo tenemos distintas maneras de hacer las cosas, sino que tenemos edades diferentes. Y eso me extasía.

Hacer contacto con las que abrieron camino, con las que trabajaron para que yo estuviera mejor sin siquiera saber que existo, es un placer y un honor.

A partir de esa cena y de la acción del zócalo, mi cabeza repite “Una maternidad secuestrada es…” cada vez que veo o escucho algo que pretende hacer chiquitas a las mujeres con ideas sexistas y con roles asignados que no permiten crecer en libertad.

Me resulta fundamental juntar el arte con el activismo. Y el grupo de Maternidades Secuestradas se basa en eso.

Si acaso tuviera una queja, sería que veo que se ha quedado más en la parte del arte y menos en la parte del activismo. Y más en la parte virtual que en la callejera. Pero para eso somos distintas y diversas. Inevitablemente a unas nos resulta importante estar más allá, y a otras más acá.

Supongo que así como a mí se me ha quedado la frase “Una maternidad secuestrada es…” y sus miradas, y sus risas, y su manera de caminar con una panza postiza, a cada una se nos han quedado cosas diferentes que nos unen y nos hacen estar presentes unas en la vida de las otras.

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