DE ARCHIVOS Y REDES

UN PROYECTO ARTÍSTICO SOBRE LA INTEGRACIÓN Y REACTIVACIÓN DE ARCHIVOS

Inicio

DE ARCHIVOS Y REDES es un proyecto de producción artística a partir de la integración y reactivación de archivos de la artista visual mexicana Mónica MayerEl objetivo del sitio es documentar el proyecto y establecer un espacio de reflexión y diálogo en torno a temas como arte, archivo, activismo y feminismo. El proyecto consta de las siguientes “visitas” a archivos y/o centros de documentación, a partir de las cuales Mayer ha realizado distintas acciones:

VISITA AL ARCHIVO DE OLIVIER DEBROISE

VISITA AL ARCHIVO DE ANA VICTORIA JIMÉNEZ

VISITA AL ARCHIVO DE PINTO MI RAYA (a su vez subdividido en las acciones El Tour, El Taller y El Archivo Personal de Pinto mi Raya)

VISITA AL ARCHIVO DE EX TERESA

VISITA AL ARCHIVO DEL CHOPO

Cada uno de estos proyectos está documentado en este blog a manera de bitácora o diario de cada una de las visitas. En la columna derecha encontrará la liga a cada visita o, si prefiere seguir cronológicamente el proyecto y sus entrelazamientos, lo puede hacer siguiendo el calendario en la parte superior derecha.

Así mismo, en esta columna encontrará otros tres rubros: RED DE ARTE Y ARCHIVOS, PIEZAS SUELTAS y LA BITÁCORA. El primero documenta el proceso de crear una red de arte y archivos a lo largo del país como parte del proyecto y que se dio a través de diversas conferencias y cursos. En el segundo se documentan una serie de pequeñas piezas sueltas surgidas a partir del proyecto y en el último rubro se incluyen reportes de conferencias, exposiciones o eventos relacionados a los temas de arte y archivo.

Por último, en LINKS encontrará un listado de textos y otro de proyectos afines.

 DE ARCHIVOS Y REDES dio inició en la ciudad de México en 2011.  

Artículos recientes

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En 2007 se llevó a cabo la exposición TRANSacciones con obra de Esther Ferrer en el MUCA Roma.

Fue una muestra muy especial para mí porque me permitió ver de cerca el trabajo de una de mis heroínas y constatar, una vez más, la simpleza de su genialidad.

Al evento fueron convocados varios artistas para reactivar las piezas de Ferrer que en muchos casos son instrucciones. Una de las artistas invitadas fue nuestra querida Elizabeth Romero Betancourt.

Les dejo aquí un par de fotografías del evento, la crónica que escribí sobre el mismo para El Universal y un fragmento de mi texto en el catálogo de Ferrer, publicado por la UNAM.

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3. Invitar a otros a jugar

Las obras de Esther Ferrer siempre toman en cuenta al espectador. Esto podría parecer una contradicción viniendo de alguien que plantea que la creatividad “es una opción que sólo compromete a uno mismo y que cada cual practica por decisión propia”[1]. Sin embargo, creo que precisamente porque sus obras son tan sinceras, logran convertirse en una invitación a jugar, esa actividad fundamental para el aprendizaje profundo que tanto tiene que ver con el arte acción.

Las obras que se presentaron en TRANSacciones le ofrecían al público varias formas de interactuar que iban desde la contemplación, como en el caso de Memoria, su sobria instalación hecha con sobres blancos sobre el piso[2], hasta la complicidad, como en El filo del tiempo sin cuya presencia no funciona puesto que cuando el espectador se acerca a la vieja silla en medio de la sala de exhibición, un sensor capta su presencia haciendo que el cordón empiece a caer sobre el mueble lentamente. Aquí el público es actor indispensable, aunque involuntario. Por otro lado, durante el transcurso de la exposición hubo varias reuniones en las que diversos artistas, entre ellos Milton Zayas, Alejandro Uranga, Oscar Pérez y Francisco González, utilizaron las obras de Esther Ferrer para realizar acciones, convirtiéndose en coautores. Y utilizo la palabra coautores más que intérpretes, porque sus instrucciones son suficientemente abiertas para que cada persona vierta en ellas sus propias ideas y emociones.

En una de estas reuniones Elizabeth Romero y Katnira Bello se tomaron turnos para realizar acciones a partir de las partituras de los performances de Esther Ferrer o para guiar al público en esta actividad.

La mayoría de las acciones fueron ante Recorridos, una instalación que marca las posibilidades para transitar un cuadrado. De manera metódica y sencilla, muchas de estas opciones se describían en varias hileras a lo largo de tres muros: cuatro clavitos con las letras A, B, C y D en cada esquina delimitaban los cuadrados y las mismas letras en distinto orden arriba del cuadrado marcando cada opción, que se dibujaba con un hilo que iba de clavo a clavo. Cada combinación daba como resultado otra forma. Esta pieza tiene la limpieza del arte conceptual y como instalación resulta fascinante, prístina. Sin embargo, las mismas instrucciones de Esther le advierten al público que “si hacen la acción varias o muchas personas conviene concretar antes la forma en la que se van a realizar, si en diferentes espacios o en uno solo embotando los recorridos de cada una de las personas. En este último caso se puede producir atascos de circulación que se resolverán como se pueda”. Lo mismo sucede en la vida.  

En TRANSacciones se colocaron cuatro cubos con estas mismas letras sobre el piso para que los participantes recorrieran el espacio entre ellos o incluso los movieran o se treparan en ellos. Era un juego extraño. Había cuatro adultos siguiendo las órdenes dictadas por la artista en turno transitando de un lugar a otro. Había formas, ritmos, movimientos y sonidos. La acción era divertida y aunque parecía absurda, ilustraba la estructura internas de juegos, rituales y acciones que juegan con el tiempo y el espacio.

Pero esa noche lo que más me sorprendió fue que Esther Ferrer, quien ha planteado que el performance es “el tiempo, el espacio y la presencia”, no estaba presente y sin embargo su obra era. Al convocar a otros a participar en sus acciones, lo importante ya no era tanto SU presencia, sino LA presencia. El ego le cedió el paso al arte.

Hasta donde yo entiendo, el secreto de Esther Ferrer es que habla de lo esencial, lo hace de manera acumulativa, sencilla y participativa. Sus obras son tan concisas y compactas, que no requieren textos grandilocuentes y sesudos para entenderlas, aunque sí para explicarlas. Para mí, son ideas muy densas que de tan destiladas tienen un aire ligero que les permite viajar por el tiempo y el espacio. Por eso ahora, después de haberme adentrado un poquito más a su trabajo, también es mi heroína.

 

Mónica Mayer, 2017



[1] Texto de Esther Ferrer publicado a manera de carta para John Cage para la conferencia “Over population and Art” en Stanford Humanities Center que después fue publicado en la revista canadiense Music Works y reproducido en el tríptico que acompañó TRANSacciones.

[2] Memoria también puede servir para una acción, pero hasta donde yo observé en esta exposición, esto no sucedió. Sin embargo sí me tocó ver a personas muy atentas viendo la pieza.

Lunes, 08 Mayo 2017 16:36

ELIZABETH ROMERO BETANCOURT EN UNO A UNO

Escrito por

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La presencia de pocas personas ha sido tan constante como lo fue la de Elizabeth Romero Betancourt en Pinto mi Raya.

Ella era como de casa, la persona inteligente, generosa, creativa, crítica, divertida, sabia y cumplida que siempre queríamos involucrar en nuestras travesuras.

En este caso se trata de un proyecto personal de Víctor en el que participó Elizabeth. Se llamó Uno a Uno y se llevó a cabo en Pinto mi Raya entre 2003 y 2004.

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La descripción completa la encuentran aquí, pero en pocas palabras consistió en una exposición integrada por 10 obras, entre esquineros y dibujos que se desplazaban por el techo el suelo.

Pero a Víctor también le interesaba romper el distanciamiento entre arte/público y/o artista/público, por lo que sólo invitó a unas cuantas personas, de manera individual, para crear un espacio de una interacción profunda con cada uno. Después les pidió que escribieran un parrafito sobre la experiencia.

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Elizabeth no podía faltar. Aquí la vemos acostada en el suelo, viendo la pieza del techo. Abajo les comparto su texto, que naturalmente no fue un parrafito, sino toda una crónica.  

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De la hora cero

Por Elizabeth Romero Betancourt

I. De la visita

Visité la exposición Uno a uno de Víctor Lerma el martes 18 de noviembre; por más de dos horas abordamos varios temas. Después de mirar la obra, me senté en una silla creyendo que yo entrevistaría al artista, de pronto los papeles se invirtieron y era él quien me entrevistaba. Hablamos de los rituales que acompañan al hecho de exhibir obra: la inauguración como evento social –asistimos más que para ver obra para saludar a las gentes o dejarnos ver (cosa que se ha agravado con la aristocratización de la cultura)-, o como un espectáculo para que el estado evidencie que se ocupa del asunto; del libro de visitas como un puente entre público, artista y espacio que no acaba de cumplir su función –o bien se llena de elogios para el que exhibe, o bien se utiliza para atacar anónimamente al artista o al espacio o, en el mejor de los casos, para hacer observaciones que no siempre son tomadas en cuenta-.

Disfruté mucho tener el tiempo para platicar de cerca y cara a cara con un artista acerca de su obra y de otras cosas que sabemos que pasan, pero de las que no hablamos nunca: del distanciamiento entre artista y público, de cómo funciona la legitimización, de cómo se aproxima o no el público según el recinto que visita, del miedo del espectador para preguntar, de si los museos ofrecen suficiente información para facilitar la apreciación, de cómo visualizo el aparato legitimador como un castillo suficientemente cercado como para despertar el ansia y la codicia de entrar en él y de lo que presencio día a día –actitudes trepadoras, codazos y zancadillas entre artistas, miopía y pérdida de memoria de los funcionarios, mamonería rampante de los que logran entrar- y también de la sospecha de que en la periferia se esté gestando algo que pronto emergerá con la suficiente calidad y contundencia como para desdecir y opacar la tendencia oficial; de la actitud de resistencia en el trabajo independiente y la terquedad de continuar haciendo lo que uno hace, de la clasificación del arte por técnicas y la entronización histórica de una sobre otra. Y este ejercicio me ha gustado, éste de destinar un tiempo para hablar sin caer en la anécdota y el chisme, y sí buscar respuestas a cosas que no entendemos. Soy locuaz por naturaleza (por ahí alguien me dijo alguna vez que hablaba mejor de lo que escribía y no supe si me halagaba o al contrario) y pude expresar muchas cosas que pienso, pero que no había verbalizado antes. Así que llevar de uno en uno a los espectadores para que vean y platiquen me parece afortunado; creo que al clausurar la exhibición, Lerma invitará a mucha gente que finalmente verá, pero no habrá tenido el privilegio de esta charla.

 

II. De la obra

Hace tiempo que Víctor hace “esquineros”, son esos “cuadros” que en realidad son una escuadra y pueden colocarse en el vértice de dos muros o en el de un muro y el techo o abrazando una columna. Los 90° también remiten a un libro abierto, a un relicario, a una casita. Ahora exhibe unos esquineros -que contienen dibujos enmarcados sin vidrio- que han crecido como una sucesión de cuadrados de medidas que decrecen, para extenderse en el techo o las paredes como una hiedra empecinada en poblar superficies. Hay un dibujo de 6 m tensado de pared a pared, que atraviesa el local y lo parte en dos, un cuadro colocado rayando el piso, enfrente, otro esquinero arriba, a mano izquierda, a ras del techo y otro esquinero pequeño a ras del suelo, del lado derecho, un tríptico formado por un cuadro y dos esquineros que hacen que la obra se vaya hacia los muros laterales, otros dos esquineros que ahora no lo son y arman una escultura que se extiende hacia arriba hasta casi tocar el dibujo largo y hacia abajo y a los lados como si fueran los pies. Transitar por la exposición es muy divertido pues hay que agacharse para pasar por debajo del gran dibujo, estar en cuclillas para ver lo que se colocó en lo bajo, estirarse para intentar ver lo que quedó en el techo, o de plano acostarse para imaginarse una lectura completa del gran dibujo. Este dibujo es particularmente inquietante, pero luego iremos para allá. El tema de toda la obra es el paisaje aéreo, una sucesión de imágenes inspirada no sólo en el constructivismo, esto para resolver de manera formal ciertas preocupaciones, sino en una obsesión por imaginar (imaginar es otorgar imagen) el mundo desde la perspectiva de vuelo de pájaro. Vista desde arriba, la Tierra ofrece un inmenso dibujo creado tanto por la naturaleza como por la mano del hombre. Víctor llama a esto maquillajes y los figura con pastel sobre un papel de pulpa muy poroso, traza con reglas siguiendo un oficio de arquitecto, a veces esgrafía, aplica color obteniendo transparencias con un elemento seco (habrá quien piense que se trata de acuarela, pero el tacto –sí, acaricié los dibujos, otro privilegio de esta visita- comprobará que no). La mano del hombre crea líneas rectas: los campos de cultivo parcelados, arados, sembrados, barbechados trazan estas líneas que finalmente harán cuadrados, rectángulos, trapecios o inacabadas figuras con tendencia a ser alguno de éstos, las combinaciones cromáticas irán de los negros a los sepias o verdes según el estado de los períodos de siembra; la naturaleza crea otras formas no regulares: un florecimiento que mancha una zona, un río que serpentea, una grieta que crea tres planos, la orografía que hace crestas y laderas, una nube que pasa, todos estos accidentes con su propio color. Con una retacería de imágenes mentales, Lerma construye estos paisajes: a primera vista los dibujos son muy abstractos, vistos con detenimiento y recorriéndolos para abarcar esta narrativa, se descubren figuras que adquieren sentido cuando se entiende que el plano está desplazado sólo para ser visto de manera horizontal, pero que proviene del vuelo de pájaro. El gran dibujo aparentemente es de 6 m, en realidad es de 12 si sumamos las dos caras del papel, pues ambas están trabajadas. Esto es lo inquietante: que el soporte se utilice de los dos lados, que anverso y reverso de la hoja de papel sirvan como respaldo de sí mismos, que se aproxime a una noción de dibujar esencialmente sin requerir del soporte, o que cada cara del papel discurra unida indisolublemente del mismo asunto (si de una moneda tengo cara y cruz y pudiera partirla por la mitad buscando separar una de otra, de cada una obtendría nuevamente dos superficies y así al infinito, incluso llegando a una pelíclula transparente de metal siempre habría dos lados). Efectivamente, el dibujo -titulado “Tarde-Noche”- es un intento por atrapar la hora cero, ése momento de tránsito entre la luz y la oscuridad de sobra conocido por traileros y otros conductores asiduos a carreteras y caminos; hora de percepciones confusas, de nubes entintadas de colores insólitos, de destellos perdidos que no acaban de extinguirse, de flashazos que iluminan lo que se entrega a las sombras, de tímida estrella que no bien brilla opacada por la extinta luz solar. Lerma concibe este tránsito como un todo y ante la imposibilidad de separarlo, lo ha posado en dos superficies perfectamente juntas que refieren una colección de imágenes de muchas horas cero narradas como un continuo.

La suma de estos paisajes vislumbra también una nostalgia por el paisaje de la niñez en las regiones norteñas del país, concatenando los otros paisajes de los territorios recorridos en la vigilia y quizá de otros visitados en sueños.

 

En México-Tenochtitlan, hoy, 19 de noviembre de 2003

No al IVA en alimentos y medicinas.

 

Mónica Mayer, 2017

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La presencia de Elizabeth Romero Betancourt en el archivo de Pinto mi Raya es frecuente. En 1996 convocamos a EL ÚLTIMO ENCUENTRO NACIONAL RIP (Rebeldía ante la Impotencia plástica) en colaboración con otras cuatro pequeñas instituciones hermanas: La araña de peluches (Maris Bustamante), el Comité de Trabajadores de las Artes Visuales en defensa de la Libertad de Expresión COTAVLE (Hilda Campillo, Carlos Blas Galindo, Víctor Lerma y Mónica Mayer), Pelos de cola (Esteban Eroski y David Coronilla) y Polvo de gallina negra (Bustamante y Mayer). Entre las 5 instituciones reuníamos 7 personas.

En ese momento, una de nuestras preocupaciones en relación al arte no-objetual en México era que al institucionalizarse géneros como el performance o la instalación, se habían retraído a espacios convencionales, dirigiéndose sólo a públicos especializados. También era necesario apuntalarlo teóricamente. El objetivo de la pieza fue invitar a nuestros colegas a voltear la mirada hacia otros espacios o públicos y fomentar la reflexión sobre el arte conceptual. Por cierto, empezamos por el último encuentro porque demasiados concursos pretenden tener continuidad y no pasan del primero.

El último encuentro nacional RIP consistió en una convocatoria pública para participar en un concurso de:

a) Performance de semáforo
b) Diseño de marchas, manifestaciones y plantones
c) Diseño de timbres postales eróticos
d) Textos sobre performance y arte conceptual

La premiación de este singular concurso, que recibió cerca de 70 obras, se efectuó en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes el viernes 6 de diciembre de 1996.

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Una de las ganadoras en la categoría de Textos sobre performance y arte conceptual fue nuestra querida Elizabeth Romero Betancourt. Su premio consistió en una suscripción de seis meses del compendio Raya: crítica, crónica y debate en las Artes Visuales. Abajo una crónica del evento en la que mencionan a quienes ganaron.

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A continuación les comparto el texto ganador de Elizabeth, tal y como está en el archivo/obra de El Último Encuentro Nacional R.I.P.  De hecho, son dos textos y no, no recuerdo cual fue el ganador.   RIP-performance001

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Mónica Mayer, 2017

Domingo, 30 Abril 2017 12:07

RAYANDO, CONSTRUYENDO. LOS ANTECEDENTES

Escrito por

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Hace mucho, mucho tiempo, allá por 2016 cuando todavía estaba mi exposición Si tiene dudas… pregunte en el MUAC, Karen Cordero invitó a John R. Thompson a verla para mostrarle 7 pequeños dibujos que fueron parte del núcleo Otra Erótica, serie que yo simplemente llamo Casitas.

Meses antes, cuando estábamos documentando la exposición, a Karen le sorprendió la cantidad de dibujos que integran esta serie, la mayoría de los cuales no había expuesto. Ella quiso presentar una larga fila de ellos, quizá sobre una repisa, pero había tanta obra y tan poca sala que fue imposible.

Resulta que John, que también es artista, tiene una galería independiente o de autor, como prefieran decirle, que se llama 108AG en la que generosamente ha presentado media docena de exposiciones. El espacio es la sala de su casa por lo que a las muestras sólo se puede acudir por invitación personal. Karen había asistido a algunas de ellas y, cuando él la invitó a hacer algo y le propuso Rayando, construyendo. Un diálogo íntimo con obra de Víctor Lerma y mía.

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A mí que me gusta trazar antecedentes, encontré varios para esta exposición.

1.- Por parte de Karen, esta muestra tiene como antecedentes directo Rayando. Dibujos de Mónica Mayer. Un ensayo a tres voces que se subió al Museo de Mujeres Artistas Mexicanas (MUMA) en 2014 y todavía pueden ver aquí y, naturalmente, la expo en el MUAC, que honró con su maravillosa participación como curadora. Para mí ha sido muy interesante ver cómo construye cada proyecto.

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2.- Esta pequeña muestra también se une a la lista de exposiciones que hemos presentado juntos Lerma y yo.

No las he contado, pero casi puedo asegurar que Víctor y yo hemos expuesto más juntos que individualmente y creo que estos ejercicios nos fueron llevando a los proyectos que realizamos al alimón como Pinto mi Raya.

La primera se llamó Completamente diferentes… pero juntos y marca el inicio de un largo proceso que partió de trabajar juntos por cuestiones prácticas y logísticas en esta muestra (si de todas maneras nos vamos a echar entre ambos toda la talacha de montar y difundir una exposición, pues mejor hacerla del trabajo de los dos y todo mundo contento), hasta las obras y proyectos de Pinto mi Raya en las cuales el trabajo es colectivo en todas sus etapas.

Esta exposición se llevó a cabo en 1988 en la Casa de la cultura Hipódromo, aquí en la CDMX. En el diseño de la invitación tratamos de resolver estas diferencias reuniendo un elemento fundamental en la obra de cada uno: Víctor con sus suajes y yo con el texto.  

De ahí en adelante hemos expuesto juntos muchas, pero muchas veces.

En 1990 inauguramos Pinto mi Raya con la muestra 10 años de casados. Entre 1995 y 96 presentamos Binomio: Electrografía Monumental a lo largo de América Latina gracias a la Secretaría de Relaciones a Jamaica. En 1996 también presentamos Propuestas electrográficas, Museo Casa Diego Rivera. Entre los proyectos digitales y el performance, a lo largo de más de dos décadas nuestros trabajos caminaron de manera paralela.  La de Enero001

Para terminar bien el siglo y con intenciones de echarnos un milenio sabático, presentamos una exposición o proyecto cada dos meses. El proyecto en general se llama Las de 1999. La de enero, La de marzo y La de noviembre fueron exposiciones, en el Museo-Casa León Trotsky, el Centro Cultural San Ángel y la galería La Masmédula respectivamente. Algunos de mis trabajos presentados en la exposición actual son de esta época.

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Un ejemplo reciente de nuestras exposiciones juntos es The L.A. Project, una muestra que tuvimos en el Armory Center for the Arts en Pasadena, aunque ahí presentamos la documentación de una serie de proyectos y performances sobre nuestra relación que empezaron el día que nos casamos.

3.- Un aspecto que nos interesó en esta exposición es que fue en una casa. Nuestro verdadero público fue John, quien convivía diariamente con los dibujos, aunque abrió la casa en 4 ocasiones para que la vieran otras personas. De eso ya les platicaré.

Como Pinto mi Raya originalmente fue una galería de autor, nos interesa el funcionamiento de este tipo de espacios extraños, entre privados y públicos.

Víctor llevó la relación con el público al extremo entre 2003-2004 en su proyecto Uno a uno, que de hecho fue la última exposición en Pinto mi Raya.

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En esa muestra no hubo inauguración, ni visitas en grupo. A lo largo de algunas semanas Víctor invitó a una persona a la vez a ver su obra y comentarla con él. Le interesaba más tener un público de calidad que una gran cantidad de visitantes. Algunos de ellos escribieron un pequeño texto y, al igual que ahora, se subió la información a internet. Aquí la pueden ver.

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Entre quienes asistieron a ver el trabajo de Víctor en aquella ocasión estuvieron Jorge Alberto Manrique, Helen Escobedo, Elizabeth Romero, Betsy Pecanins, Miriam Kaiser, José Miguel González Casanova y Merry Mac Masters.

 

Mónica Mayer, abril 2017